Cultivar bienestar es un hábito diario
El bienestar no es solo una meta, es una habilidad que podemos ejercitar cada día. Las neurociencias contemplativas nos muestran cómo hacerlo.
Durante la clase abierta “Bienestar y neurociencias contemplativas: ¿qué sabemos hoy?”, la médica neuróloga e investigadora Lorena Llobenes explica que la mente, al igual que el cuerpo, puede entrenarse. La clave está en comprender procesos que hoy conocemos gracias a la neurociencia y que tienen un impacto directo en nuestra salud y en la forma en que nos relacionamos.
Atención, emociones y presencia
“El primer paso para entrenar el bienestar es entrenar la atención”, señala Llobenes. En una era de hiperestimulación, aprender a dirigir la atención de manera intencional es el punto de partida para transformar hábitos mentales y abrir la puerta a la neuroplasticidad. Donde ubicamos la atención, esa información crece en cada persona.
A esta base se suma la regulación emocional: no se trata de eliminar emociones como el miedo o la ira, sino de reconocerlas como señales y regular su intensidad para actuar con claridad. “Cuando una emoción es demasiado intensa, aclara la especialista, nos “secuestra” y reaccionamos de un modo que después no resulta asertivo”.
Según Llobenes, gran parte del sufrimiento actual proviene de la rumiación mental intensiva: ese sobrepensamiento constante que nos desconecta del presente. Las prácticas contemplativas permiten disminuir la autorreferencia y aumentar la conciencia corporal, recuperando y habilitando la capacidad de habitar el momento y reducir el impacto de la rumiación sobre la salud.
Propósito, vínculos y neuroplasticidad
El bienestar también se cultiva con actitudes prosociales como la gratitud, la compasión o la bondad. “Todo estado que practicamos se transforma en un rasgo”. Así, lo que ejercitamos diariamente se convierte en parte de nuestra personalidad y en un modo de vincularnos más sanamente con los demás y con el entorno.
A esto se suma la importancia de tener un propósito vital, motor que guía nuestras acciones y ayuda a prevenir el desgaste y el estrés crónico. Reconectarse con lo que valoramos es clave para sostener la motivación y evitar el burnout. La neurociencia confirma que la plasticidad cerebral se mantiene a lo largo de toda la vida, y que lo que practicamos genera cambios estructurales en el cerebro. Por eso, entrenar estas habilidades no es solo un recurso personal: es también una estrategia de salud pública frente a la crisis de salud mental que atravesamos en la actualidad.
Si quieres conocer más sobre este tema 👉 mira la clase completa en nuestro canal de YouTube: “Bienestar y neurociencias contemplativas: ¿qué sabemos hoy?”, con Lorena Llobenes y la moderación de Martín Reynoso.
Lorena Llobenes
Médica neuróloga y especialista en neurociencias contemplativas, es docente universitaria, investigadora y formadora en programas de motivación compasiva.