icono cerrar

Entrar


o entra con tu email

¿Olvidaste la contraseña?

¿No tienes cuenta?

Únete Gratis

icono cerrar

Registrarme


o continuar con tus datos


Al hacer clic en "enviar" acepto las condiciones de uso, política de privacidad y cookies, y recibir novedades.

icono cerrar

Registro exitoso

icono email

Te registraste correctamente.

Necesitas ayuda? Visita nuestra página de Ayuda o contáctanos.

icono cerrar
logo onlinua

¡Gracias! Enviamos la información por correo electrónico.

Al responder, entrarás en contacto con nuestros asesores.

Revisa en promociones o spam si no aparece en tu bandeja de entrada segura.

Aula Abierta

Educación

Bullying y ciberbullying: “No hay chicos que vienen débiles o que vienen fuertes”

Por Aula Abierta

Para María Zysman, la debilidad o la fortaleza se ponen en juego en el vínculo con el otro. “El bullying surge como una escalada de maltrato, que empieza con mínimas cosas” a las que debemos prestar atención.

María Zysman es licenciada en Psicopedagogía (Universidad del Salvador), posgraduada en Autismo y TGD, y en Déficit de Atención y Dificultades de Aprendizaje (Universidad Favaloro). Es directora del equipo de diagnóstico, prevención e intervención Libres de Bullying, y autora de libros como “Bullying. Cómo prevenir e intervenir en situaciones de acoso escolar” y “Ciberbullying, cuando el maltrato viaja en las redes”.

Docente, conferencista e investigadora, Zysman es referente en la prevención del Bullying en Argentina y toda la región. Su trabajo la ha llevado a congresos y foros nacionales e internacionales, divulgando e investigando estrategias para prevenir, detectar e intervenir ante situaciones de bullying y ciberbullying.

En nuestra clase abierta “Vínculos libres de bullying y ciberbullying”, dictada junto a Mónica Coronado, María Zysman se explaya sobre preocupaciones del presente y qué necesitamos mejorar hacia el futuro. “Es muy difícil mensurar o hacer estadísticas del dolor o del sufrimiento”, asegura sobre por qué trabaja desde lo cualitativo y no desde lo cuantitativo, con una experiencia de más de 30 años de visitar escuelas y hablar con chicos.

Uno de los puntos destacados que ve en la actualidad, es que se sostiene la idea de que “es el otro el que tiene que hacer cosas”. Para la especialista, si los padres culpan a la escuela de no estar actuando, y la consideran el problema, se quitan la responsabilidad. “Hay escuelas que trabajan mucho, que tienen grandes equipos y construcciones teóricas y humanas para abordar la convivencia. Sin embargo, aparece el reclamo, la acusación, la descalificación a lo que hacen, el pedido de acciones”, señala.

Según ella, debemos hacernos preguntas: ¿Qué pasa que mi hijo trata con palabras horribles al otro? ¿Cómo me refiero yo a la gente que no me gusta? ¿Qué traigo a la mesa en casa en relación con mi contacto con mis compañeros de trabajo? ¿Cómo los nombro?

“La escuela no puede improvisar, debe tener una propuesta, pero no es algo que se puede establecer por protocolo. Se puede pensar qué vamos a hacer para favorecer un clima institucional que invite a la diversidad, a la creatividad. Que el docente no tenga que seguir exclusivamente una guía de actividades, sino que pueda tener una comunicación con sus estudiantes”, agrega.

Es importante pensar en una salida. “Hay miradas que son catastróficas, no porque no sea doloroso y catastrófico el momento en que uno vive el bullying, pero hay que ofrecerles a los chicos la ilusión de sanar. Hay muchas cosas por hacer para salir de ese lugar que no tiene por qué acompañarlos toda su vida. Lo que va a marcar eso es la presencia del adulto”, dice Zysman.

“Queremos ser esos adultos referentes para que puedan traer su dolor. Que en las escuelas se pueda plantear que uno está triste y no que tenga que estar siempre bien y feliz. Cuando un niño está triste, le damos alguna estrategia rápida para que se le pase. Puede plantear que se sufre, porque no es una humillación estar pasándola mal. Sentirse solo no debe ser humillante, porque una gran parte del bullying es que aquel que está solo lo dejan solo porque nadie quiere estar cerca del humillado. Y cada vez está más solo”, detalla.

Cómo enseñamos a los chicos

María Zysman también se pregunta qué se hace con el desacuerdo, cuando no se coincide. ¿Se puede convivir? ¿Cómo les enseñamos a vivir en el desacuerdo en un mundo en donde permanentemente se descalifica y se humilla?

“Uno trata de decirle al chico que debe portarse de una manera que uno mismo no se porta. Eso complica el trabajo. Cuando uno muestra esas contradicciones, esos desaciertos, los chicos refuerzan sus propias creencias. Están en edades en donde buscan nuestras contradicciones”, dice.

Pedir que no usen el celular, cuando la maestra lo usa; pedir que no vean televisión al comer, pero los padres lo hacen; pedir que salgan de TikTok, mientras están en Instagram. “Estas incoherencias aparecen ante ellos, que están en la mejor edad para descubrir nuestras fallas”.

La aceptación

“Hay una edad, y esto lo vemos siempre en los colegios, en la que es más importante ser aceptado por los pares que mantener las convicciones. Aunque no quiera hacer lo que estoy haciendo, lo hago. A nivel emocional, esto es muy doloroso: uno se encuentra haciendo cosas que rechaza, y aparecen la culpa y la vergüenza. Pero no la vergüenza impuesta por el otro, sino mi propia vergüenza por lo que hice”, describe Zysman.

“Del otro lado, aparece el castigo como única respuesta en lugar de la validación de la contradicción –continúa–. Rechazo mucho algo, pero lo hago igual. ¿Por qué lo hice? Porque a cierta edad, no quiero quedarme solo en la escuela, quiero tener mi grupo, no el de los ‘perdedores’ que nadie quiere, sino estar en ese que a lo mejor ni siquiera me convence. Eso hay que modificar para que el bullying tenga menos incidencia”.

Otro punto destacado de la intervención de Zysman es que no hay chicos que vienen débiles o que vienen fuertes. “La debilidad o la fortaleza se ponen sobre la mesa en el vínculo con el otro. Puedo ser muy fuerte en ciertas áreas, pero en otras sentirme débil. No pasa por entrenar a alguien para que deje de ser débil, depende de cuáles fortalezas tiene, cómo puede desarrollar otras”.

El faro es el cuidado y la aceptación

Para Zysman, es necesario pensar en el bienestar docente para después poder avanzar sobre el de los estudiantes. “Uno permanentemente puede hacer cambios y generar otras cosas. Con suerte y viento a favor, eso contagia al entorno. Pero no esperemos que todo se modifique afuera para poder hacer las cosas que sentimos y queremos hacer”.

“Es clave no esperar un protocolo o un programa. El tema del bullying, el ciberbullying y la convivencia a menudo se presta para fórmulas mágicas. Me encantaría que las hubiera, pero no las hay. Sabemos que tenemos experiencia en diferentes escuelas, con distintas ideologías y formas. Llevar el mismo enfoque a todas sería negar la individualidad de cada institución”, dice.

“El faro es el cuidado, la aceptación, el abordar el conflicto cuando aparece, el poder tolerar la espera para ciertas cosas, y que no voy a resolver todo en un minuto, y que a veces bancarse esa tristeza es un tiempo de reposo”, agrega Zysman.

Cómo manejar los conflictos

“Cómo miro y cómo me miran es fundamental. Cuando uno juzga, acusa, esparce chismes y rumores, crítica y se junta con otros simplemente para hacer daño, no puede esperar generar otro tipo de espacio con uno mismo. Ese ojo que juzga y acusa es el mismo que se vuelve contra uno. Es ahí donde debemos trabajar, planteando en la escuela, en casa, en el club, todo tipo de disparadores que apunten a ello”, dice la especialista.

Y se pregunta por qué no generamos lugares de paridad, de verdad, de mirarse al otro con todos los conflictos que eso trae. “El conflicto no se va a eliminar, pero cómo lo manejamos es lo importante”, cierra.

“El bullying surge como una avanzada, una escalada del maltrato, y el maltrato empieza con mínimas cositas. A veces, me plantean que en este mundo tengo que dejar que los chicos sufran porque el mundo es sufrimiento, y uno se tiene que bancar porque es así. Pero una cosa es el sufrimiento natural de la vida, y otra cosa es que me hagan sufrir a propósito”, cierra. 

También te puede interesar