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Aula Abierta

Educación

Crecer en la era digital: lo que “Adolescencia” nos invita a mirar

Por Aula Abierta

La aclamada serie interpela a familias, escuelas y comunidades al mostrar cómo se construyen la masculinidad, los vínculos y el sentido de pertenencia, entre pantallas y silencios.

“Adolescencia”, la serie británica que se convirtió en fenómeno global, no solo impacta por su guión o sus actuaciones: conmueve por la crudeza con la que refleja la soledad, la falta de comunicación y la fragilidad emocional de los jóvenes en la era digital. A través de la historia de Jamie Miller, un adolescente acusado del asesinato de una compañera de clase, la ficción pone en primer plano preguntas urgentes sobre la educación, la crianza y los modos de acompañar.

Entre pantallas, masculinidades y silencios

El primer gran acierto de la serie es exponer el abismo intergeneracional entre adultos y adolescentes. Las familias, las escuelas y las instituciones parecen incapaces de comprender los códigos digitales que atraviesan la vida de los jóvenes.Los niños necesitan solo una cosa que los haga sentir bien consigo mismos”, dice una de las voces adultas de la serie, sintetizando el vacío de cuidado que deja la incomprensión.

La escuela aparece como espejo de esa distancia: docentes que observan sin intervenir, violencias naturalizadas y vínculos que se sostienen más en la vigilancia que en la empatía. Allí, “Adolescencia” se vuelve una advertencia sobre cómo el desinterés adulto agrava la soledad de los estudiantes. En la era de la hiperconexión, lo que más falta es presencia. La serie también revela con crudeza las presiones sobre la masculinidad: Jamie intenta responder a mandatos que lo alejan de sus emociones, mientras reproduce gestos y discursos aprendidos. Las escenas entre padre e hijo condensan ese conflicto: hombres que crecieron sin hablar de lo que sienten, repitiendo patrones de dureza y silencio.

Lo digital como escenario emocional

“Adolescencia” no se limita a retratar la violencia: analiza sus raíces. La cultura incel, la “manósfera” y la idea fatalista de la “píldora negra” son síntomas de una crisis más profunda: la búsqueda desesperada de reconocimiento y pertenencia en comunidades digitales que sustituyen la escucha por odio y victimismo.

Las redes sociales se vuelven espejos distorsionados donde los jóvenes aprenden a compararse, competir y validar su identidad. El resultado es una generación hipervinculada y, a la vez, profundamente sola. La serie nos recuerda que el bienestar emocional no se construye con algoritmos, sino con vínculos reales, con escucha y con cuidado.

En su tramo final, el guión abre un resquicio de esperanza: el padre de Jamie se quiebra y dice “Perdón hijo, debería haberlo hecho mejor”. Esa frase resume el espíritu de la serie: reconocer los errores adultos como punto de partida para reparar, acompañar y transformar.

Hacia una educación que acompañe

La serie interpela a educadores, familias y responsables institucionales. Nos muestra cómo el desamparo, la falta de diálogo y los estereotipos de género pueden derivar en tragedias que no empiezan en un crimen, sino en una ausencia.

La Educación Sexual Integral (ESI) se presenta como una herramienta clave para prevenir violencias, promover vínculos respetuosos y ayudar a los jóvenes a construir identidades más libres. La serie deja claro que acompañar no es controlar, sino ofrecer presencia, escucha y empatía.

👉 Mira la clase completa sobre adolescencias, masculinidades y cultura digital en la sección clases abiertas y seguí reflexionando sobre cómo acompañar a las nuevas generaciones desde la educación y la empatía.

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