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Aula Abierta

Educación

Comprender para enseñar: neurociencia con ojos humanos

Por Aula Abierta

Una conversación con Mariano Sigman sobre cambio, motivación y aula: cuando enseñar reorganiza lo aprendido y aprender exige mirar al otro con empatía.

Mariano Sigman conversó con Jesús C. Guillén en una clase abierta que recorrió aprendizajes del contexto reciente, la relación entre ciencia y escuela, y el papel de la motivación y las emociones. Desde el comienzo dejó una idea-faro: la capacidad de cambio existe en todas las edades cuando la necesidad apremia. Ese mismo espíritu invita a pensar la educación como un puente entre lo que sabemos y lo que podemos enseñar.

Enseñar para comprender al otro

Sigman reconoce una tradición de investigación (Strauss, Battro) y propone una clave sencilla y potente: enseñar también nos transforma. Cuando explicamos a otros, reordenamos lo aprendido y ejercitamos la teoría de la mente: ponernos en el lugar del otro para que el mensaje tenga sentido. Lo dice sin vueltas:

“Enseñar es una pulsión humana fundamental.”
Por eso, sugiere combinar buenos docentes con situaciones donde los chicos enseñen entre pares: el beneficio es doble, para quien aprende y para quien enseña. La neurociencia —dice— puede ser “un ejercicio de comprensión del otro”, especialmente allí donde el lenguaje no alcanza (sueño, primera infancia). Como resume en voz propia:
“A mi me gusta pensarla como un ejercicio de comprensión del otro.”

Sueño, atención y tecnologías: puentes prácticos

Las emociones y la motivación atraviesan cualquier intento de aprender. Aquí, Sigman es categórico:

“Sin motivación no hay aprendizaje.”
Invita a no demonizar el miedo, sino a cambiar su signo para convertirlo en energía; y a entender la atención como un conjunto de facultades (orientar, sostener, soltar) que se desarrollan en tiempos diferentes. Defiende el lugar del entrenamiento de la memoria (espaciado, prácticas a “fuego lento”) y advierte sobre una alfabetización digital con sentido: útil, guiada y lejos de la ilusión de que “tirar computadoras” alcanza. También alerta sobre la adicción a los estímulos digitales y la paradoja de pedir a niños lo que los propios adultos no logran autorregular.

Hacia el cierre, vuelve la pedagogía en clave humana: no pedir imposibles, construir expectativas razonables, y dar herramientas de autorregulación (funciones ejecutivas) para que cada estudiante pueda concentrarse o distraerse cuando quiera —no porque no pueda hacer otra cosa. La libertad, sostiene, se enseña con prácticas y puentes de empatía entre escuela y vida cotidiana.

La entrevista deja un hilo conductor claro: cambiar es posible; enseñar reorganiza y humaniza; y aprender requiere tiempo, motivación y cuidado. La neurociencia no baja dogmas: ofrece preguntas, evidencias y lenguajes para entender mejor al otro y hacer de la escuela un espacio más habitable.

👉 Mira la clase completa “Mariano Sigman: la Neurociencia como ejercicio de comprensión del otro en el canal de YouTube de Aula Abierta y sigue profundizando estas ideas en la Diplomatura en Neuroeducación.

Para ver la entrevista completa ingresa AQUÍ  

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