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Aula Abierta

Educación

Educar como un oficio en tiempos inciertos

Por Aula Abierta

Más allá de técnicas y protocolos; educar es una tarea artesanal que requiere paciencia, presencia y la capacidad de abrir recomienzos constantes.

Durante la clase abierta “La artesanía del educar en tiempos de orfandad”, el filósofo y pedagogo Carlos Skliar nos invita a pensar la educación desde otro lugar. Abandonando la noción del procedimiento técnico o la ejecución de un manual, la educación ofrece un oficio artesanal, hecho de gestos, presencias y cuidados cotidianos que permiten a cada generación abrir nuevas posibilidades de vida.

El oficio docente y la presencia plena

Para Skliar, la educación comparte rasgos con los oficios artesanales: nunca está terminada, siempre se reelabora, siempre se transforma. En la clase recuerda un poema de Peter Handke que dice:

“Creo saber que ella solo se convierte en algo posible cuando se consigue estar en lo que estoy haciendo, estar allí con paciencia y cuidado, atento, despacioso, lleno de presencia de espíritu hasta la punta de los dedos.”

Educar, explicó, exige justamente esa presencia plena, ese estar en lo que hacemos sin indiferencia. El oficio docente no puede entenderse como una actividad distante: implica involucrarse de cuerpo entero, reconocer la fragilidad y trabajar con paciencia en medio de la precariedad.

Skliar remarca que enseñar no es transmitir información, sino crear un vínculo inseparable entre lo que somos y lo que hacemos. En tiempos en que las tecnologías parecen prometer inmediatez y sustitución, él defiende la lentitud de la artesanía: la necesidad de estar allí, habitando el acto de educar con cuidado, sin renunciar a la dimensión humana que lo sostiene.

Nacer no basta: la educación como recomienzo

Una de las ideas centrales de la clase fue la diferencia entre las políticas del nacimiento y las políticas del recomienzo. El nacimiento, dice, depende de múltiples condiciones básicas —salud, vivienda, alimentación, trabajo—, pero no es suficiente para garantizar una vida plena. Allí aparece el espacio educativo como posibilidad de volver a empezar, de multiplicar vidas y mundos posibles.

“Nacer no alcanza, no basta, no es suficiente. (…) La educación tiene que ver con esos recomienzos que multiplican vidas y mundos posibles.”

La escuela, en esta mirada, no se limita a acompañar el inicio de la vida. Su papel es mucho más profundo: abrir oportunidades de transformación, permitir que alguien vuelva a orientarse, reescribir destinos, imaginar futuros distintos. Educar es entonces un acto de confianza en la capacidad humana de reinventarse.

La mediación como tarea esencial

Otro de los ejes abordados por Skliar fue la mediación. En una época hipertecnológica, parece que todo puede accederse de forma directa, veloz e inmediata. Sin embargo, él advierte que el conocimiento no es solo información: es experiencia, es percepción, es relación con el mundo.

“El conocimiento no es solo velocidad o información. Es experiencia, percepción, formas de hacer, formas de relacionarse con el mundo y con la vida.”

Allí radica la importancia del oficio docente como mediador entre las nuevas generaciones y el mundo. Educar significa impedir que los estudiantes queden reducidos a meros usuarios de novedades, ofreciéndoles en cambio la posibilidad de vivir experiencias significativas, de habitar la cultura como sujetos y no como consumidores.

Esta tarea de mediación no es accesoria: es el corazón del oficio. Ser educador en tiempos de orfandad —cuando tantas instituciones y certezas se desmoronan— es aceptar la responsabilidad de tender puentes entre pasado y futuro, entre información y conocimiento, entre soledad y comunidad.

Un oficio artesanal para recomenzar juntos

Educar, para Skliar, es conmover y dejarse conmover. Es aceptar que cada clase, cada encuentro, es una ocasión de volver a empezar: de sostener a alguien en su fragilidad y, al mismo tiempo, descubrir lo inacabado en nosotros mismos. Un oficio artesanal nunca es idéntico a sí mismo; se rehace en cada gesto, en cada palabra, en cada encuentro con los otros.

Por eso, más que una técnica, la educación es un arte de la presencia y del cuidado. En tiempos donde abundan discursos de eficiencia, productividad y resultados inmediatos, Skliar propone recuperar la lentitud, la atención y la hospitalidad que hacen de la docencia un espacio verdaderamente humano.

👉 Mira la clase completa en la sección clases abiertas: “La artesanía del educar en tiempos de orfandad”, con Carlos Skliar.


Carlos Skliar es investigador, ensayista y docente especializado en educación, filosofía y literatura. Se ha destacado por sus estudios sobre pedagogía, inclusión y subjetividad, con un enfoque en la alteridad y la diferencia en los procesos educativos. Es investigador principal en FLACSO Argentina y autor de numerosas obras que reflexionan sobre la educación, el lenguaje y la ética del cuidado..

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