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Aula Abierta

ESI

Candela Yatche: “La violencia a través de los estereotipos a veces es difícil de detectar”

Por Aula Abierta

En la clase abierta sobre “Cómo deconstruir los estereotipos de belleza”, la psicóloga y fundadora de Bellamente asegura que “si queremos que las cosas cambien, hay que incomodar. 

Candela Yatche es psicóloga, fundadora y directora de Bellamente, una fundación sin fines de lucro de Argentina que busca promover la diversidad corporal, sexual y de género.

En una clase abierta, Candela aborda uno de los temas clave de nuestra vida en sociedad: identificar y deconstruir los estereotipos de belleza, con el objetivo de que las próximas generaciones “crezcan en contextos en el que puedan desarrollarse y ser quienes quieran ser sin tantos mandatos”.

Para ello, comienza por los estereotipos creados en la sociedad y amplificados por los medios de comunicación y, especialmente en la última década y media, por las redes sociales.

“Ejercitar una vida crítica es fundamental para trabajar con estereotipos corporales y de género”, asegura Yatche al respecto. Para ella, es importante comenzar con “hacer visible lo invisible”, según una frase de Michel Foucault.

“Cuando hablamos de violencia simbólica, que se ejerce a través de los estereotipos, es una violencia invisible que muchas veces cuesta detectar. Y no porque sea menos visible significa que sea menos importante, aunque tenga menos impacto”, dice.

Dando visibilidad a estos estereotipos y cómo se ejerce la violencia, se puede ayudar “a que muchas personas se sientan liberadas, que sientan que estos estos mandatos establecidos tienen un detrás, tienen un porqué, tienen un interés. Y, especialmente, que estas vivencias no son individuales sino colectivas y están dentro de un sistema”, agrega.

Los filtros y las imágenes

Los ideales de belleza van cambiando, y hay distintas partes del cuerpo que “se ponen de moda” según los años, pero en general sigue siendo fuerte en las mujeres la delgadez, la tez blanca, cabello rubio y largo, ojos claros y piel de porcelana. Y en los hombres, la idea de la musculatura marcada.

“Estoy hablando en términos binarios porque claramente los ideales y los estereotipos corporales están marcados de una forma binaria, donde se asigna según el sexo ciertas características que son bien o mal vistas”, aclara.

Las imágenes más comunes que refuerzan esos modelos están en todas partes. “En general, están editadas, distorsionadas digitalmente. Y mientras antes las veíamos así en una revista o en una publicidad de vía pública, en esta época están por todos lados: en el celular, en las redes sociales. En un segundo, con un filtro podemos cambiar por completo nuestra cara, ver imágenes de gente que conocemos con esos filtros o hasta bajarnos aplicaciones con las que cambiamos todo nuestro cuerpo”.

“No es lo mismo compararse con una celebridad que vemos distante que empezar a compararse con las imágenes que vemos de compañeras colegas… o con nuestras propias imágenes”, dice Yatche.

“Hay una distorsión: con los mismos ojos vemos esas imágenes y después nos miramos al espejo. Eso tiene un impacto en la percepción incluso de nosotros mismos”, agrega. “La imagen corporal no tiene que ver únicamente con el cuerpo que tenemos sino con la representación mental que tenemos sobre nuestro cuerpo, y todos estos estímulos intervienen en cómo nos percibimos. Y, por supuesto, en las emociones que nos despierta eso”.

También somos responsables

Uno de los problemas es que estamos expuestos desde muy temprana edad. “A un equipo de investigación le llamaba mucho la atención las proporciones de la muñeca Barbie y el muñeco Ken. Descubrieron que una persona humana con esas proporciones ni siquiera podría mantenerse en pie”, asegura.

El ideal se nos presenta de distintas maneras, pero algo se repite: lo hace de una forma siempre inalcanzable, ya que jamás lograremos tener ese cuerpo.

“El ideal de belleza cambia a lo largo de los años y según la cultura. Eso demuestra que la belleza es una construcción social. Pero, de esta noción de belleza construida socialmente, ¿cuáles son sus agentes transmisores?”, se pregunta Candela.

Muchas veces, al hablar de construcciones sociales pensamos que las construye la sociedad como si se tratara de algo externo. “Somos parte de la sociedad, de la reproducción y de la construcción de esta idea de belleza, y así como somos parte de la construcción y la reproducción también lo somos de la deconstrucción”.

Los estereotipos corporales son el filtro que moldea la forma en la que vemos. ¿Por qué consideramos que hay ciertas partes del cuerpo que deberían estar de una manera? Para Yatche, todo lo que se sale de la norma se mira con una connotación negativa, y viceversa.

Hay muchas aplicaciones y filtros que nos conducen a la cercanía del ideal de belleza. Es a través de mensajes publicitarios que nos dicen que “ser perfecto nunca fue más fácil”. Qué es ser perfecto parece más difícil.

“Estímulos como estos están por todos lados, todo el tiempo, en todas las redes sociales. Estos estímulos nos llegan cuando estamos navegando, viendo fotos o contenido que nos gusta”. Uso de cremas antiedad, el bótox que antes utilizaban mujeres mayores de 40 y hoy lo hacen jóvenes de 20, las recomendaciones de dietas, los tips de belleza, la oferta de ropa con talles únicos son otros ejemplos.

Otras formas de construcción y deconstrucción

Aunque los medios masivos y la publicidad transmiten la idea de que se puede hablar de los cuerpos de los otros, para Yatche “podemos criticarlos por los mensajes, pero si desde nuestro lugar no paramos de hacer comentarios acerca de otros cuerpos o incluso hablar mal del nuestro, también creamos un contexto de mayor insatisfacción corporal”.

Los estereotipos se refuerzan también en otras áreas de la cultura, como canciones populares en que existe mucha cosificación, chistes en distintas formas, hoy viralizados como memes. “Muchas veces los chistes tienen que ver con reírse de la corporalidad”.

“La belleza es una construcción social que fue cambiando a lo largo del tiempo y que va cambiando según el lugar donde estamos parados. Esta construcción se da a partir de la publicidad, los medios de comunicación, los filtros, las redes sociales, los chistes que hacemos, las canciones que cantamos y también lo que consumimos, las marcas que consumimos”, resume.

“Lo que está construido hasta hoy no se va a deconstruir de un segundo para el otro, pero sí hay que empezar a tomar decisiones para prevenir lo que es la insatisfacción corporal de las personas que estamos educando”, agrega Yatche. “Si queremos que las cosas cambien, hay que incomodar. Es mucho más cómodo quedarnos haciendo comentarios acerca del cuerpo de otra persona, pero incomodarse vale la pena porque tiene que ver con un cuidado de la salud física, mental y emocional de las personas. Y así como estamos generando cada vez más conciencia de cuidar el medioambiente, de no contaminar, estaría buenísimo que podamos tomar conciencia de la contaminación mental en la que vivimos”, cierra.

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